miércoles, 23 septiembre, 2026
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Él Mató a un Policía Motorizado en el Movistar Arena: como eran las cosas

“Vuelve”. La campaña con la que Él Mató a un Policía Motorizado anunció su show en el Movistar Arena tenía esa palabra como consigna, pintada como si se tratara de una proclama política. ¿Pero a qué regresa una banda que nunca se fue? Es cierto que, desde que sus giras se han vuelto cada vez más extensas y geográficamente abarcativas, sus shows en Capital Federal ocurren con menor frecuencia, pero así y todo al menos una vez al año su agenda incluye escala porteña. Podría verse como su regreso al microestadio de Chacarita, terreno que coparon en 2024, y que ahora parece a la escala de su convocatoria. Pero lo que realmente volvió fue El Mató, la banda a su esencia misma, a poder hacer convivir al origen indie con el cancionero mainstream como parte de un mismo todo, y los resultados de esa experiencia se vivieron tanto debajo del escenario como arriba de él.

“Vuelve”. La campaña con la que Él Mató a un Policía Motorizado anunció su show en el Movistar Arena tenía esa palabra como consigna, pintada como si se tratara de una proclama política. ¿Pero a qué regresa una banda que nunca se fue? Es cierto que, desde que sus giras se han vuelto cada vez más extensas y geográficamente abarcativas, sus shows en Capital Federal ocurren con menor frecuencia, pero así y todo al menos una vez al año su agenda incluye escala porteña. Podría verse como su regreso al microestadio de Chacarita, terreno que coparon en 2024, y que ahora parece a la escala de su convocatoria. Pero lo que realmente volvió fue El Mató, la banda a su esencia misma, a poder hacer convivir al origen indie con el cancionero mainstream como parte de un mismo todo, y los resultados de esa experiencia se vivieron tanto debajo del escenario como arriba de él.

Lo que se vivió el sábado en el Movistar Arena parece haber sido el fruto de dos procesos en paralelo. Por un lado, el de una banda que quizás pasó demasiado tiempo aferrada al repertorio que le abrió la puerta a la masividad (con “El tesoro” como muestra más cabal) casi a rajatabla, con shows donde el pasado era poco menos que un recuerdo. Por el otro, la misma banda en un proceso de celebración de su propia historia, primero con los veinte años de su debut homónimo, en 2024, y al año siguiente con una seguidilla de shows en Obras Sanitarias para recorrer en orden las canciones de su trilogía de Eps, dos formatos de conciertos que parecían invitar al reencuentro con un sector del público que había dejado su lugar a los recién llegados, no sin antes manifestar cierta sensación de abandono. 

La doble intención de abandonar lo que parecían pasos fijos y amigarse con el pasado pegó fuerte de entrada, con el tándem inicial de “Navidad en Los Santos” y “El héroe de la navidad”, puestos en contraposición al ritmo marchante de “Un segundo plan” y la melancolía de “La noche eterna”. De esa manera, El Mató a un Policía Motorizado construyó dos horas de show que fueron de atrás hacia adelante constantemente (o de “Diamante roto” a “Chica rutera”), con una puesta visual basada en una única pantalla central ubicada a modo de tótem, con la banda desdibujada entre efectos de esmerilado y planos fuera de foco, como en “Más o menos bien”.

Esa tensión entre los dos tiempos de su propia historia hizo que la banda platense recuperase algo del espíritu de esas noches en Remember o en el sótano de Unione e Benevolenza, por más que ahora estuvieran tocando para 14 mil personas. La prueba más fehaciente llegó a la altura de “Nuevos discos”, sin más recursos escénicos que un encandilamiento con las luces de escenario, un recurso tan válido en un microestadio de última generación como en un antro mínimamente equipado e igual de efectivo en ambas instancias. Sin mediar palabra entre canciones, la emoción estuvo depositada en el repertorio y también en la performance, y cuando las imágenes de Leo Messi aparecieron sobre el final del estribillo de “El tesoro” (más precisamente, al momento de “Cuidarte siempre a vos en la derrota, hasta el final, el final”), era imposible no emocionarse. 

El regreso casi en continuado de canciones “Amigo piedra, “Yoni B”, “Sábado” y “El fuego que hemos construido” terminaron por redondear la idea de una banda a la que se la volvió a ver a gusto interpretando temas sin necesidad de atenerse a satisfacer a una sola porción de su audiencia. El tono general no fue de pase de mando entre públicos, sino de convivencia, con unos y otros unidos al unísono en el cierre con “Mi próximo movimiento”,porque así como hay cosas que pueden cambiar, otras están destinadas a ocupar el lugar que les corresponde.

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