Hay un hilo invisible que une al pop con el rock progresivo, y Magdalena Bay lo sabe. En su esperado debut porteño, el dúo de Miami demostró que la complejidad y la teatralidad pueden tener un mismo denominador en común en forma de canción de efervescencia constante. Su paso por el C Art Media fue una comprobación en tiempo real de su crecimiento expansivo, sobre todo a partir de lo cosechado con Imaginal Disk, pero fue también una suerte de recibida en casa a dos personas que mantienen un vínculo más que particular con este suelo. Se sabe: Mica Tenenbaum nació en Don Torcuato y migró a Estados Unidos al año siguiente, mientras que su compañero creativo, Matthew Lewin tiene raíces argentinas por vía paterna. Su debut, entonces, tuvo un condimento extra a la mera noción de un primer contacto con su público, una suerte de regreso a una tierra de la que nunca terminaron de irse por más que la hayan habitado circunstancialmente.
En un escenario dividido en dos niveles (Tenenbaum y Levin en el más cercano al público; el baterista Nick Villa y el multiinstrumentista Myles Sweeney en las alturas), Magdalena Bay desplegó en Chacarita un show de un pop tan experimental como bailable, según lo demandasen las circunstancias. “She Looked Like Me!” fue una suerte entrada en calor alimentada por el misterio, hasta que “Killing Time” hizo pasar el clima del gris plomizo al estallido de colores sobre una melodía galopante. Ahí nomás, cuando “True Blue Interlude” prometía susurros y atmósferas para una levitación controlada, “Image” dejó en claro que nada puede ganarle a una canción que nace con la intención de salir a comerse la pista de baile.
Con unas visuales que mostraban a un sistema operativo Windows colapsado, “Secrets (Your Fire)” tuvo a Tenenbaum al frente de un keytar con un tema que parecía pendular entre Spice Girls y Jamiroquai, una idea que podía parecer desconcertante pero que ratificó su búsqueda en “You Lose!”, o cómo tomar el pop de cambio de milenio como punto de partida para hacer después lo que se antojase a sus deseos. Prueba de eso fue el timonazo con “Nice Day”, una navegación por las aguas del shoegaze y el dream pop, con las guitarras como cascadas y la voz perdida en nubes de eco, tan solo un remeazo antes de que “This Is The World (I Made It For You)” primero y “Death & Romance” después (con su piano que parecía salido de Ibiza) guiaran de nuevo la acción al dancefloor.
Y a la altura de “Vampire in the Corner”, Tenenbaum y Lewin dejaron en claro cuánto rock progresivo consumieron en su adolescencia, con ella disfrazada de girasol (imposible evitar el link con Peter Gabriel en Genesis) y una gran performance vocal. Poco después, “Watching T.V.” tuvo un dueto entre la Mica real y su contraparte virtual en pantalla, como si fuera una versión espectral de sí misma, mientras que “Tunnel Vision” fue como presenciar a Magdalena Bay mutando sobre distintas capas de David Bowie, una reinvención tras otra en una canción de tres minutos con un alto pico de intensidad. Para compensar la balanza, “Top Dog”, un pop sin mayores intenciones y una cuota enorme de shitposting canino en la pantalla de fondo.
A partir de ahí, el dúo apostó a la metamorfosis como única constante. Una vez que “Love Is Everywhere” se puso a la gente en el bolsillo, “Black Eyed” volvió sobre la veta teatral y operística, y luego “Paint me a Picture” fue atmósfera pura. Justo cuando la pomposidad parecía copar la parada, “Chaeri” y su bombo en negras dieron comienzo a un segmento hecho a gusto y medida del baile, con “That’s My Floor” y “Cry For Me” como parte de un mismo todo. Y con la mutación como moneda de cambio, “Wandering Eyes” fue un remanso casi folk dentro de un gran estallido multicolor.
Si hasta ese momento Tenenbaum y Lewin habían mantenido su argentinidad medida a apenas alguna frase en español de parte de Mica, cerca del final las cosas tomaron un giro radical. “Ahora vamos a tocar una canción de Charly García”, dijo ella antes de que la banda entrara de lleno a una versión por demás respetuosa de “Ojos de Video Tape”, y la decisión no solo fue un homenaje sentido sino que pareció hecho a medida de la música de Magdalena Bay, como si en el tema de cierre de Clics modernos estuviera el kilómetro cero del dream pop. Después de una seguidilla de repertorio propio para el cierre (“Angel on a Satellite”, “The Ballad of Matt & Mica” y “Second Sleep”), la banda decidió echar mano a otro clásico del rock nacional antes de la despedida. Esta vez, la elección cayó del lado de “11 y 6”, y la elección parecía ser una mojada de oreja para los puristas que están siempre corriendo detrás de la próxima gran tendencia. A veces, con una canción que canten todos alcanza para sentirse en casa.



























