Cuando este viernes Atrás Hay Truenos suba al escenario de La Tangente, celebrará el primer año de vida de Coire, su cuarto disco de estudio. La cifra cobra un poco más de relevancia si se tiene en cuenta que su antecesor, Bronce, vio la luz hace casi una década. “Nos pasó de todo en el proceso, fue una época bastante agitada”, resume Roberto Aleandri, cantante y guitarrista sobre un proceso en el que confluyeron las cuestiones personales, la elasticidad de los tiempos creativos y un mundo que se puso en pausa en 2020. “Yo fui padre en ese momento y pasó un tiempo hasta que empezaron a salir las canciones nuevas y nos pudimos meter a trabajarlas. Fue un proceso muy lento y progresivo donde se iban acomodando las fichas, y cuando empezamos a grabar el disco, cayó la pandemia y se frenó todo justo al comienzo”, explica sobre un proceso que parecía poner a prueba a sus propios protagonistas.
Lejos de claudicar, los integrantes de Atrás Hay Truenos convirtieron ese proceso en la búsqueda de un sonido más luminoso, reconocible ya en el destello del corcel que asoma en el arte de tapa. “. Imaginábamos un disco claro, con un mensaje un poco por fuera de la introspección personal, buscando más historias y una estructura de canciones que funcionaran como un relato. Trabajamos mucho los textos y las partes de la canción, algo que nos pusimos como un camino nuevo que nunca habíamos hecho. Todo eso hizo que se extendiera el tiempo, pero fue un lindo proceso que disfrutamos mucho a pesar de las cosas negativas que lo demoraron”, explica Aleandri.
Como parte de esa misma refundación sonora, la meticulosidad tuvo el barco al borde del naufragio por el riesgo de convertirse en una obsesión. “En los últimos dos discos el proceso de producción fue muy intenso. Nos fijamos en muchos detalles y eso lleva tiempo: grabar, volver a escuchar, volver a hacer. Le pusimos mucha atención a eso tanto en Bronce como en este”, explica el guitarrista Ignacio Mases para definir un período que corría riesgo de prolongarse hacia el infinito (“Como no teníamos un contrato ni un tiempo límite, nos tomamos el tiempo que nos pareció apropiado”, dice).
Con todo ese tiempo a cuestas, se hizo inevitable que algunas canciones se resignificaran por el hecho de haber sido compuestas en un momento histórico puntual pero publicadas en otro. Aleandri pone como ejemplo a la letra de “Empleado”, el tema que abre el disco. “El otro día un conocido me preguntó si esa canción la había escrito por la reforma laboral y me pareció fantástico cómo se reinterpretó. Me hizo acordar a ‘Euro’, la canción de Bronce que canta Rosario Bléfari. Ya estaba grabada y una noche pensé la letra como una crítica al mercado de divisas que regula la economía, y le quedaba pintado, aunque originalmente no fue por eso”, explica el vocalista y aprovecha para citar a Charly García, que sostenía que no había que explicar las letras porque se rompe el encanto. “Quien escucha una canción por primera vez siente que la escribieron para uno, que es su historia, y ahí está la magia”, sostiene.
A su manera, Coire es una aproximación a un costado más despojado para Atrás Hay Truenos, con un sonido más luminoso y limpio, un concepto que tanto Roberto como Ignacio le adjudican a su bajista, Diego Martínez. “Él fue el productor del disco, y lo pensó así. Venía escuchando mucha música de los 80, recapitulando lo que escuchábamos de chicos y encontrando sonidos increíbles. Decidimos seguir ese camino por su sugerencia, y nos puso en jaque porque tuvimos que ser más finos con las interpretaciones. Veníamos de Bronce, que era una capa de sonidos donde la magia estaba en cómo se entrelazaban; acá pasamos a una melodía precisa con un sonido preciso que tiene que estar ahí, divino”, desarrolla Aleandri.
Con la génesis de la banda en Neuquén, es difícil no tratar de encontrar un “factor patagónico” en la música de Atrasa Hay Truenos, una teoría a la que parecen abonar sus propios integrantes. “Hay un gen instaurado desde los primeros demos. Siempre hablamos del paisaje: el río, la montaña, o incluso los títulos de los temas que refieren a calles donde vivíamos. Somos de ahí y en algún momento eso se representa”,explica Mases. Del otro lado de la pantalla (y desde la patagonia en cuestión), su compañero completa la idea: “El lugar donde crecimos tiene elementos especiales, con los ríos bordeando la ciudad, el valle en medio de la meseta, el desierto alrededor. La geografía y el clima no te pasan desapercibidos, así como tampoco te pasa desapercibida la inmensidad de Buenos Aires. Estamos hechos de eso y se traslada a cómo hablamos, cómo escribimos y cómo hacemos música”. y agrega: “Me acuerdo que grabando Bronce, el asistente del estudio me dijo que no escuchaba las eses al cantar. Me las estaba comiendo porque estaba en modo neuquino, muy tranquilo. En mi mente yo las escuchaba, pero no las pronunciaba. Es imposible despegarse de eso, todavía lucho con eso al cantar”.
Aunque en el futuro más inmediato de Atrás Hay Truenos todo versa respecto a Coire y su adaptación al formato del vivo, en el horizonte también empiezan a dibujarse los planes a posteriori para que un eventual quinto disco no tome tanto tiempo como su álbum más reciente. “Venimos de dos discos que llevaron mucho tiempo de proceso. Tengo en la cabeza componer algo crudo e ir a grabarlo así, prácticamente sin retoques, me parece algo necesario para la época. Hace 20 años que escucho discos con mucho trabajo encima, donde la tecnología homogeneiza la sonoridad”, explica Roberto sobre una necesidad de hacer algo más guiado por el instinto que por el cálculo como lo fueron sus últimos discos, donde el demo y la computadora le ganaron a la sala de ensayo. Y remata: “Para una banda que nació zapando instrumentales de 10 minutos, es un camino loco. El futuro es incierto, ojalá sea divino”.






