En su primera década de vida, OK Pirámides parecía moverse en la búsqueda de una forma propia e identitaria. A lo largo de cinco discos, y poniendo al cuerpo como campo de batalla, Julián Della Paolera fue dando forma a un repertorio que parecía hecho a medida del hermetismo, algo con lo que Te llamamos viene a romper. Con una formación de banda ya instaurada, el disco es expansivo en una doble acepción: su sonido abarca nuevos terrenos, pero además lo hace en la búsqueda de un costado más luminoso para un repertorio que parecía destinado a moverse entre las sombras.
Ese peregrinaje es lineal y también paulatino. Con su paso lento y unas guitarras tremoladas, “Bulshit” se construye con una llamada y respuesta entre Della Paolera y Loló Gasparini, donde al “Dolores de otros momentos” de él le llega un “Soltalos” de ella, como un eco sanador (la dinámica se repite poco después con un “Belleza, te llamamos”, que recibe como réplica una pregunta “¿Estás viniendo?”), hasta que el estribillo plantea la primera señal explícita de Te llamamos: “Los aplausos hacen bien, los rechazos también”. Poco después, “Es casi transparente” parece querer sumergirse en ese mismo hermetismo, pero desde las vías del shoegaze, con las guitarras de Della Polera e Ignacio Jeannot tejiendo una disonancia similar a la de las dos voces, que se mueven en vaivén hasta encontrarse al momento de plantear una nueva verdad: “tenés que decidir en qué frecuencia vibrás”, mientras el telón sonoro del fondo parece ser víctima de esa misma duda.
Con el sintetizador de Sebastián Mondragón (Estupendo, ex Juana La Loca) como estandarte, “Cualquier cosa no” empieza a asomar una cuota de melodismo controlado, como una cuota que busca hacerse lugar dentro de un mar de confusión sonoro que vive en tensión durante el tema y que desata su conflicto en el final con guitarras pasadas al revés y los teclados en acto de rebeldía. Y entonces, el disco se parte en dos. “Joyas” es un dub que empieza opaco con ecos de guitarras que se empastan en sus repeticiones, hasta que hace su aparición una sección de vientos interpretada por Hugo Lobo (en trompeta, pero también en trombon y flugelhorn) y el clima comienza a endulzarse. En medio de ese andamiaje, Gasparini toma una voz serena que va a la par del beat para hacer una súplica que de tan pasiva esquiva al reclamo: “Dame tu amor, no un error, no la peor versión de vos”.

A partir de ahí, el disco empieza su peregrinaje hacia la luz. Della Paolera vuelve a tomar la posta en “Año cero”, un dream pop donde todo parece sonar en estado de suspensión, y donde su voz suena mucho más entregada, como si empezara a recapitular los restos de un naufragio personal (“En la luz que ilumina cómo estás, no reclames por la herida, la llevás”). De a poco, Te llamamos empieza a perfilarse como el minuto a minuto de un vía crucis emocional, que tiene en “Premio” su siguiente eslabón, esta vez con Gasparini al frente de un pop luminoso que se mueve a velocidad crucero entre guitarras tan cristalinas como la sensación de bienestar a la que aspira su letra (“Yo siempre corrí detrás de un premio, ahora ese premio es la calma”).
Las texturas shoegazer vuelven a asomar la nariz en “Árboles todo el día”, pero lo hacen desde un lugar mucho menos abrasivo e intimidante para acompañar una letra que se centra en el placer de disfrutar el microcosmos alrededor hasta que en el estribillo las guitarras se expanden como si un telón se terminara de correr para mostrar una escena completa. Pero no hay calma posible sin reconocer lo que originó las tormentas personales, y ese rol parece cumplirlo “Quiero pausar”, una marcha de acordes mayores en cámara lenta en que su título es el remate de cada estrofa, donde Della Paolera adopta un tono crooner (más cercano al spoken word de Lou Reed que al de Ian Curtis) para reflexionar y recoger el guante en la derrota en la guerra contra uno mismo (“Desórdenes varios, nuevos horarios, es tu vida, no sabría si destruirla o reconstruirla”, dice) o bien enumerar el paso a paso hacia una reconstrucción posible (“Aprendiendo a leerme mejor por un círculo cancelado, podés estar viendo algo maravilloso y no lo podés disfrutar”).
Con un estribillo construido sobre onomatopeyas suaves, “Nos fascinará» es la última escala en esa peregrinación de lo lúgubre a lo diáfano. “Mejor seguir despacio”, repiten Della Paolera y Gasparini mientras el disco se va por la puerta opuesta a la que entró, como una bocanada oxigenadora después de un gran sofocón. La canción se retira con paso delicado como en un mutis por el foro, con una discreción firme, como quien sabe que finalmente llegó adonde necesitaba hacerlo.







