lunes, 19 enero, 2026
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El Mató a un Policía Motorizado en Obras: la fiesta que te prometí

“¿Fue una buena idea celebrar esta trilogía?”. En un tono similar al que usó para interpelar al público de El Mató a un Policía Motorizado en C Art Media el año pasado, Santiago Motorizado parecía estar dimensionando la gesta del regreso de su banda a Obras Sanitarias. Así como en la navidad anterior en Chacarita habían celebrado las dos décadas de su álbum debut, en su retorno a Núñez la banda platense repasó la trilogía de EPs que le siguieron a su primer opus, un gesto que fue la puesta en valor de un repertorio que con el paso del tiempo fue quedando postergado, y que visto a la distancia puede entenderse como el peregrinaje del under al gran salto, una sucesión de gestos que forjaron el camino de los antros a las grandes plazas.

Publicados entre 2006 y 2009, Navidad de reserva, Un millón de euros y Día de los Muertos están atravesados por un hilo narrativo tácito que los plantea como una trilogía en tres actos: nacimiento, vida y muerte. Por eso, para respetar ese concepto, El Mató a un Policía Motorizado interpretó las canciones de cada EP en orden, respetando a su vez el orden de publicación. Por un lado, la estrategia eliminó todo tipo de sorpresa durante la primera hora y media de show; pero, por el otro, hizo que canciones que sobrevivieron al paso del tiempo con un lugar clave en el cierre de sus shows ahora fueron quizás de las primeras en sonar en la noche. 

Con el main theme de Twin Peaks de fondo, el repaso arrancó con Navidad de reserva. El estribillo de “Navidad en Los Santos” (“es la fiesta que te prometí”) sentó las bases de los primeros 40 minutos, con canciones con microrrelatos, haikus costumbristas con brindis en vasos de metal, embates y corazones rotos. El recorrido recuperó también algunas canciones del olvido: “Noches buenas” volvió a sonar por primera vez en ocho años, mientras que “Villancico del final” resurgió tras una década, y otro tanto corrió para “El árbol de fuego”.

Casi en continuado, el final del primer segmento se convirtió en el comienzo del siguiente, una coda de ruido controlado que desembocó en “Chica rutera”, o cómo construir un clima envolvente y emotivo con no más que cinco palabras (“espero que vuelvas, chica rutera”), ahí nomás de donde “Amigo piedra” pone a la amistad como un pilar en momentos donde que no pase nada puede ser también bastante para contar. De a poco, temas como “Un millón de euros” o “El rey de la TV italiana” volvieron al vivo en una forma más vigorosa y aceitada, como si El Mató a un Policía Motorizado hubiera grabado estas canciones mucho antes de aprender a tocarlas. Como muestra de ese crecimiento, después de “Vienen bajando” y su narrativa en slomo, el instrumental de bolsillo de “Provincia de Buenos Aires” volvió a los escenarios en una lectura expansiva y llena de matices.

Ese crecimiento tomó aún más fuerza en el tercer episodio, cuando “Noche de los muertos” y su apocalipsis de pueblo chico fue interpretada como una epopeya noise en tres actos, un todo convertido en tres piezas que lograban encastrar entre sí. Con un eje más fácil de reconocer que en los demás EPs, las canciones de Día de los muertos pueden leerse como un manual de supervivencia, un instructivo que nació como metafórico hasta que la vida lo convirtió en literal, ya sea la idea de escapar juntos del armagedón en “Día del huracán” o contemplar el horizonte y evaluar daños en “Mi próximo movimiento”. A paso de zombie, “Día de los muertos” repitió junto a “Rey del terror” la idea de no tener miedo ante lo terrible; después, tras hora y media de ruido, la guitarra de Niño Elefante y la voz de Santiago fueron los únicos recursos para “La celebración del fuego”, un cierre de recorrido que es también el vértice de una historia circular, con la aparición de Jesucristo como salvador ante el caos alrededor. 

Y si la trilogía narra los tres pasos de un ciclo vital, y teniendo en cuenta que la navidad estaba a la vuelta de la esquina, el cuarto segmento del show puede ser leído como si fuera resurrección. Como si se tratase de una tanda de bises que se extendía a cada paso, El Mató a un Policía Motorizado recorrió nueve canciones de sus cuatro álbumes de estudio, con el eje puesto en La dinastía Scorpio y La Síntesis O’Konor, los discos con los que la banda platense confirmó su llegada a una masividad relativa, a una mayor exposición a fuerza de voluntad e insistencia, en el perfeccionamiento de una fórmula que nació como una historia en tres actos pero que pegó el salto gracias a su versión más pulida. Como toda banda que conoce el estrellato después de años de recorrido, el riñón de sus fans provenientes de la época más temprana suelen manifestar cierto recelo al añorar cómo eran las cosas antes del gran éxito. Seguramente eso mismo haya condicionado que el cierre de la noche fuera “Guitarra comunista”, uno de los hitos de su álbum debut, publicado en 2004, y la muestra de que por más que no sea posible volver el tiempo atrás, sí es posible realizar acciones o gestos que mantengan vivo ese pasado.

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